Entendido así el aprendizaje se reduce a asimilar información.
Al aprender el ser humano está optando por una forma de apropiación de la realidad y aprende significativamente sólo aquello que estima como necesario para la sobrevivencia o para su propio desarrollo.
El constructivismo concibe el aprendizaje significativo como aquel aprendizaje donde los contenidos nuevos pueden ser asimilados a los viejos dentro de la estructura cognitiva (del alumno) mediante la acción que pone en contacto el aparato cognitivo con la realidad misma, y, al aprendizaje situado lo considera en dos diferentes aspectos: inter-psicológico de práctica socio-profesional. Tal aprendizaje se sitúa en un espacio problemático concreto de la profesión, sin embargo, tiene además un aspecto intra-psicológico ya que que este mismo aprendizaje tiene que situarse, cognitivamente hablando, en el interés personal y en la zona de desarrollo próximo del estudiante, de tal modo que el verdadero interés de éste, se relaciona con aquellas acciones que pueden llamar la atención afectiva del estudiante motivándolo a aprender,
La relación estructural entre el desarrollo de las competencias y el aprendizaje signiticativo y situado requiere un objeto de estudio específico: la construcción del conocimiento y a un objeto socio-profesional concreto: los procesos de enseñanza aprendizaje en el nivel medio superior. El centro de este proceso es la acción ya que es en ella que la construcción del conocimiento se garantiza al poner en conflicto cognitivo la organización de los esquemas de entendimiento de la realidad que todo estudiante tiene como estructura fundamental para orientar su muy personal adaptación a la vida; es en tal acción y no en el pensamiento que el alumno opta en como va a aprehender (con “h”) al mundo, a apropiarse de él de un modo específico pues es en la acción que el conocimiento toma un sentido específico y propio para cada estudiante.
El lenguaje, a su vez, está de manera muy importante al servicio del desarrollo de las competencias, pues es parte sustantiva de la acción.
El desarrollo de las competencias profesionales no debe entenderse únicamente en el sentido de competitividad, sino que debe dársele además un sentido socio-ético como antídoto precisamente de una competitividad individualista comprometida sólo con los valores del mercado. Se debe atender a los valores de la humanización en donde el mercado no esté por encima del destino desable para el ser humano, en palabras de Delors, saber convivir y saber ser, con quién y para qué. En resumen, en base a competencias, debemos formar personas con sentido socio-ético y crítico- reflexivo, que se desempeñen en sociedad de manera integral: dominio de sus respectivas profesiones, es decir que saben hacer, convivir, ser, y, dotados de valores socio-éticos que les permitan incidir en su realidad y transformarla.