domingo, 27 de diciembre de 2009

Mi aventura de ser docente.

Al llegar al salón saludo a mis estudiantes dándoles los buenos días (leí en alguna parte que este saludo son bendiciones para quien da y para quien recibe), me he dado cuenta de que muchos de mis nuevos alumnos no están muy acostumbrados ni a saludar ni a que los saluden (considero que en algo tan elemental, se refleja la pérdida de valores que estamos sufriendo) pero poco a poco logro que lo hagan. Al iniciar la clase, lo primero que hago es mostrar una actitud positiva y cálida que propicie un ambiente de cordialidad, lo hago con el fin de que los y las alumnas se sientan bienvenidos a la clase y de esta manera tengan una actitud mas dispuesta al aprendizaje; paso lista e inicio con un comentario o pregunta incluso, de alguna noticia de interés, local, nacional, regional o internacional que tenga relación con el tema (esto con el objeto de interesarlos en él); o bien, puedo pedir a algún alumno (a), ( trato de que sea aquel o aquella que no son muy participativos) que pase al pizarrón a escribir la pregunta o una afirmación, según se trate ( he notado que les complace hacerlo) a continuación, iniciamos las actividades que correspondan según sean de apertura, de desarrollo o cierre por ejemplo: si el objetivo es que el estudiante analice críticamente los factores que influyen en la identidad social de las personas, debe primeramente definir algunos conceptos tales como, identidad e identidad social, por lo que se hace una evaluación diagnóstica para identificar sus conocimientos previos, doy un tiempo determinado para contestar las preguntas de la evaluación y acto seguido pido a algunos voluntarios compartan sus respuestas con el grupo, para ver las coincidencias o discrepancias , creo que esto beneficia tanto al lector: quien aprende a expresar o comunicar sus ideas de manera fluida y segura y a los demás: a opinar y respaldar con argumentos sus afirmaciones; finalmente dejo tarea, la que consiste en realizar por ejemplo: un trabajo de investigación en periódicos, revistas bibliografía, internet, etc., para que logren definir tales conceptos dándoles un significado cercano a ellos, al relacionarlos con su persona, entorno etc., también deben traer sus materiales cotidianos, revistas periódicos tijeras pegamento, hojas de rotafolio, etc., pues seguramente elaborarán por equipos con ellas, algún trabajo que se mostrará a modo de galería, la que será observada por todos quienes deberán hacer cometarios al respecto para finalmente formular algunas conclusiones individuales y con ellas una por equipo.


Para mi es muy importante el respeto hacia los alumnos, de éstos, a la maestra y entre ellos, por lo que procuro continuamente estar recalcando que la base para la convivencia es el respeto y ya en el desarrollo de la clase insisto en que deben apoyarse unos a otros. Los equipos procuro que se integren tanto por alumnos destacados, como por aquellos que no lo son tanto, alumnos muy sociables y los que son tímidos, favorecer pues las relaciones humanas entre los alumnos (aunque muchas veces no están de acuerdo, pues les gusta trabajar con los amigos que integran su “grupito”), siempre trato de explicarles que deben aprender a trabajar incluso con aquellos que no son de su total agrado, pues esto es necesario para su crecimiento personal y que se verá reflejado en un mejor entendimiento del grupo.


La intención de todas las actividades desarrolladas en el aula, es principalmente, que los alumnos hagan suyos los aprendizajes, que integren sus saberes, que conozcan la realidad de su entorno local, nacional, regional e internacional (suena muy bien, muy ambicioso, y es ahí donde en ocasiones no me siento satisfecha, pues me siento limitada en mis capacidades para lograrlo, sin embargo no por ello dejo de empeñarme en ello).

Mi confrontación con la docencia.

Desde que en la ciudad de Zacatecas, Zac., siendo aún, estudiante del tercer año de la licenciatura en derecho, empecé a trabajar como secretaria en un Juzgado Civil de Primera Instancia, esto, que me permitió conocer en la práctica la carrera que había elegido, dándome cuenta de que pese a que había cursado para entonces más de la mitad de la misma, a lo que había aprendido (memorizado), nunca le di un significado real, sino que era mas bien abstracto. Por ello, al aprender en el Juzgado, como realmente se lleva un procedimiento judicial, me percaté del hecho de que, de no haber trabajado ahí, muy difícilmente hubiera podido litigar (contender en juicio, pleitear) pues realmente no hubiera sabido como hacerlo, pese a que para entonces ya había cursado las materias que supuestamente me permitirían hacerlo.

Terminé la carrera, me casé y debí trasladar mi domicilio a la ciudad de Fresnillo, Zac., en donde mi esposo Luis Enrique también abogado, pretendía que ejerciéramos la carrera por ser ésta, su ciudad natal. Empezamos a litigar, pero al nacer mi primer hijo dejé el despacho para dedicarme a cuidarlo, así, hasta que cumplió cinco años cuando un ex compañero de generación quien impartía clases en un colegio particular, de improviso llegó un día diciéndome que fuera al colegio, pues me había recomendado para dar clases en bachillerato, me sorprendí pues nunca había pensado en ser maestra (ni sabía como serlo), sin embargo, me presenté y fui aceptada.
No tenía ninguna preparación por lo que opté por tomar el ejemplo de mis maestros. Investigaba lo correspondiente, llegaba lo exponía, preguntaba si alguien tenía dudas y al no haber objeción dejaba tarea y seguía adelante, así, hasta el día del examen (mensual o semestral), cuando los alumnos debían memorizar toda la información para resultar aprobados en la materia.

No lo esperaba pero me gustó estar con mis jóvenes alumnos, pese a que no tenía un trato muy cercano con ellos, pues procuraba mantener la distancia entre ellos y yo.
A 23 años de iniciar mi labor docente no me siento capaz de expresar todo lo que encierra esta profesión, la responsabilidad que implica pretender ser formador de personas, sobre todo en esta etapa tan delicada, definitoria de la personalidad.
Como maestra, quisiera verdaderamente enseñar a mis alumnos como ser felices, como experimentar valía y dignidad personal, facilitándoles la adquisición de los conocimientos necesarios, los valores y las competencias que necesitan, para su desempeño tanto académico, así como profesional o laboral y en el ámbito de su vida personal. Que cada actividad que realizamos, sea una herramienta más para lograr todo lo anterior.

Intento ver en ellos más allá de lo que mis ojos ven, que al salir del aula se lleven algo que no tenían consigo cuando entraron en ella.
Creo como lo expresa John Dewey que: “La educación no es preparación para la vida sino la vida misma”.

Como maestra de EMS, me complace que nuestros egresados tengan la opción de continuar su preparación profesional, como muchos de ellos lo hacen o bien integrarse al campo laboral si no tienen la oportunidad de seguir estudiando.